Último día en Jeddah... Ninguno queríamos irnos nos encantó la ciudad, cada rincón de ella. Nuestro vuelo salía a las 18:00, así que teníamos toda la mañana para disfrutar del Red Sea Mall, ya que nos habíamos estado reservado para aprovechar el último día para comprar recuerdos, souvenirs y visitar este increíble centro comercial.
Nos despertamos, desayunamos en el hotel, recogimos las maletas y nos dispusimos a visitar este gran centro comercial.
Cuando entramos allí, nuestras caras fueron de foto, ninguno habíamos visto nunca nada parecido. Tiendas y restaurantes por todos lados.
Entramos a todas las que pudimos, aquello era increíble. Para refrescarnos nos tomamos un helado en un puesto del centro comercial, era de marca italiana, Feshi Ice
Luego continuamos viendo el centro comercial, por el cual nos perdimos y todo, aquello era inmenso. Compramos algunas cosas para nosotros, y algunos recuerdos para llevarnos a España.
Sobretodo mi hermana y mi novia, disfrutaron comprando, aquello era un sueño para ellas.
Al fin llegamos a Riyadh. El lugar que yo conocía y donde fui guía todos los días que pasamos allí.
Bajamos del avión a las 19:40h del día 9 de julio, y pasamos el control de seguridad.Nos despertamos, desayunamos en el hotel, recogimos las maletas y nos dispusimos a visitar este gran centro comercial.
Cuando entramos allí, nuestras caras fueron de foto, ninguno habíamos visto nunca nada parecido. Tiendas y restaurantes por todos lados.
Entramos a todas las que pudimos, aquello era increíble. Para refrescarnos nos tomamos un helado en un puesto del centro comercial, era de marca italiana, Feshi Ice
Luego continuamos viendo el centro comercial, por el cual nos perdimos y todo, aquello era inmenso. Compramos algunas cosas para nosotros, y algunos recuerdos para llevarnos a España.
Sobretodo mi hermana y mi novia, disfrutaron comprando, aquello era un sueño para ellas.
Comimos en Aldawar Almansri, un restaurante de comida Africana. Tenia unos platos verdaderamente exquisistos que nunca habíamos provado. Toda una experiencia para nuestro paladar.
Se nos acababa el tiempo en Jeddah. Tuvimos que ir al hotel a hacer las maletas. Que rápido habían pasado los días allí, el chófer del hotel nos llevó al aeropuerto. Esperamos hasta que se pudiera facturar. A las 18:00 subimos a nuestro vuelo, melancólicos por abandonar aquella increíble ciudad.
Al fin llegamos a Riyadh. El lugar que yo conocía y donde fui guía todos los días que pasamos allí.
Hicimos una cola de casi dos horas en un espacio entre las puertas de embarque y las de salida. Al fondo de la sala (una sala enorme llena de asientos), hay una fila de cabinas a las que van pasando los viajeros. Las mujeres y niños han de entrar siempre con su acompañante, hombre, para que puedan revisar sus documentos.
El control de seguridad, consiste en una revisión minuciosa de los pasaportes y visados de entrada al país, ya que a la orden del día está que la gente que necesita viajar allí falsifique sus visados por la complicación que supone conseguirlos; después cada personas que no reside en Riyadh impregna todas sus huellas dactilares en un documento y lo firma; y por último, se rellena un cuestionario con tres preguntas sobre el motivo de tu visita a la ciudad, la duración de tu estancia, y tus pretensiones allí.
Cuando acabamos todo el papeleo en el aeropuerto, pasamos nuestras maletas por otro control para asegurar que no llevábamos drogas, alcohol o comida (el cerdo esta totalmente prohibido, pero para curarse en salud, todo tipo de comida que viaje en la maleta sin una justificación, esta prohibida)
Como estábamos bastante cansados nos fuimos directos al compoun donde yo me alojaba, Al Bustan Village.
Un compound, es una especie de urbanización privada al que tienen prohibido el paso las personas saudíes.
En Riyadh hay muchos, y son como pueblos cerrados dentro de la propia ciudad que están exentos del cumplimiento de ciertas normas musulmanas, y es por ello que no permiten el paso a los saudíes. Para poder entrar, necesitas o estar allí viviendo y poseer el carné de miembro, o ser invitado por alguien de allí.
En Riyadh hay muchos, y son como pueblos cerrados dentro de la propia ciudad que están exentos del cumplimiento de ciertas normas musulmanas, y es por ello que no permiten el paso a los saudíes. Para poder entrar, necesitas o estar allí viviendo y poseer el carné de miembro, o ser invitado por alguien de allí.
Dejamos las maletas, dimos una vuelta de reconocimiento por Al-Bustan, para que las chicas supiesen donde estaba el supermercado, la piscina, las cafeterías, las tiendas y la zona para practicar deporte, y por último cogimos algo de cena de el restaurante asiático y nos la llevamos a casa. La cena nos costó 40R, es decir, 9 euros por persona.









No hay comentarios:
Publicar un comentario